jueves, 28 de octubre de 2010

¿Dispuesto a que las letras impresas se vayan a la deriva?


Fumaba uno de esos puros que hicieron famoso al propio Churchill, el Hoyo de Monterrey se consumía con caladas rápidas y profundas a la vez, su esposa apuntaba con su mirada, nublada entre humo, el horizonte hacia proa, ¿cuándo sabemos que un barco está a punto de hundirse? Cuando los puros de más categoría se queman con ansiedad, cuando las pamelas de exclusivos diseños se mueven con nerviosismo hacia una misma cubierta, cuando esa primera clase a bordo comienza a ser presa del pánico. Es entonces cuando el barco en el que todos navegamos podría desaparecer.

Al pasear frente a la casa de cristal, no podía parar de pensar en el soniquete que producían sus botas al aplastar las cientos de hojas que los árboles habían desechado ante el inminente otoño. Tratando de buscar el rayo de sol que le quitara la humedad que el lago del Parque del Retiro desprendía, como todas las mañanas del año, devoraba páginas y páginas de la literatura tanto nacional como internacional. ¿Cuándo sabemos que el libro de papel está pasando lentamente a formar parte de la historia? Cuando los amantes de la lectura sustituyen las encuadernaciones por un dispositivo electrónico, cuando los que han llorado, reído e incluso roto alguna de las hojas de una publicación deciden dejar todos esos sentimientos que produce tener a uno de esos entre las manos. Encima de sus rodillas, un libro electrónico. En su cabeza, miles y miles de novelas, ensayos, poemas, casi los mismos con los que contaba la memoria de 4 Gigas.

Sinceramente, tienen el mismo derecho a salvar sus vidas. Los pasajeros de clase turista han comprado su tarjeta de embarque al igual que lo hicieron los de primera. Los libros de papel han sido testigos de millones de creaciones a lo largo de la historia. Incluso podemos pensar que los de “segunda” sin entender por ello cualquier sentido peyorativo, han tenido que sacrificar mucho más la pertenencia a su tribu. Los pasajeros que no pertenecen a clase preferente tuvieron que ahorrar para comprar el pasaje que no les aseguraba la supervivencia en caso de hundimiento, y en el caso de los de papel, miles de sus antepasados han sido prohibidos e incluso quemados en hogueras. Ante este hecho, ¿quién es más merecedor de la persistencia?

De momento los dos formatos conviven. Pero cerremos los ojos por un momento e imaginemos una situación propia de las generaciones venideras. Las bibliotecas de nuestras casas serán anticuarios de viejos libros que miraremos con nostalgia, pensando que algún día pasamos horas y horas ojeando sus páginas. El metro no será el lugar para deducir cual es el bestseller del momento, pues muy lejos de sostener una encuadernación a la vez que intentamos no caernos con los vaivenes del tren, sostendremos una pantallita sin tapas, cuando queramos ir a la presentación de un libro, el autor ¿firmará nuestra pantalla táctil?, cuando una historia se convierte en un regalo, envolveremos una tarjeta de memoria y escribiremos la dedicatoria en un e-mail, todo muy útil, muy rápido, muy cool, pero ¿dónde están las emociones que transmitían esos 300 gramos de papel, cartón y tinta?

Seamos de primera o de segunda, nos queramos salvar o hundir, la evolución forma parte de nuestra humanidad, pero tú, ¿de quién eres?.

sábado, 15 de mayo de 2010

Spring! Coloreando la ciudad

El resultado bien podría asemejarse a la mítica película coloreada Ben-Hur (1925). El paso del blanco y negro de esta ciudad, que siempre le ha dado un aspecto de fría y porque no decirlo también, de tétrica, da paso a un color un tanto artificial. El primer día que vi como me podía ver reflejada en un escaparate de Regent Street con mis gafas de sol y teniendo una mano libre tras haber dejado el paraguas en casa me di cuenta que la primavera estaba aquí. Un sentimiento de que algo iba a cambiar me invadió de repente tan de improviso como las gabardinas impermeables habían sido aparcadas en las cómodas tapizadas con estampado primaveral.

Aunque en un principio parece que la ciudad de Londres ha sido pintada a mano fotograma a fotograma hoy puedo decir que somos testigos del mismísimo tecnicolor. Pero no soy yo la única sorprendida, los hombres del tiempo han dejado, durante unos días, de señalar nubes grises sobre la nada para imaginar que detrás de ellos es proyectada la imagen de un sol redondo y amarillo poco usual aquí.

Parques, oasis de color

Si por algo se caracteriza Londres es por la cantidad de parques que hacen de pulmones clorofílicos para la ciudad. Paseando por las, esta vez sí, soleadas calles de la capital inglesa vi que era la ocasión perfecta para visitar alguno de esos enormes parques. Hyde Park es una buena apuesta, pero sinceramente yo prefiero Holland Park, una gran parcela con diversos tipos de jardines que rozan la perfección.

Otra buena opción es visitar Wisley, en el distrito de Surrey, al sureste de Londres, conocidos también como los jardines de la reina, cuenta con una casa de cristal donde tuve la oportunidad de ver un desfile de más cientos de mariposas, que habían venido desde distintos puntos del planeta para sobrevolar el acristalado invernadero por unos días y para hacerme testigo de uno de los mejores espectáculos naturales que he visto.

Un rayo de sol

Con uno es suficiente, sólo uno. Los ingleses, o también llamados guiris para una mejor contextualización en este momento, son ese tipo de personajes que cuando aparcan el paraguas creen que es momento para calzarse unas sandalias, para ellos, es simplemente, una prueba de relevos, una cosa lleva a otra. Claro que eso no significa que las temperaturas hayan ido en aumento en la isla, por lo tanto esas sandalias se verán combinadas con un par de calcetines, no importa el color o el material con el que fueron fabricados así como tampoco les importa que este hecho sea la prueba más verídica de que nos encontramos ante uno de ellos estén donde estén.

Pero dejando aparte las parodias sobre el superficial tema del estilo inglés y esperanzada de encontrar una explicación que me haga comprender cómo pueden soportar estas temperaturas con una simple T-shirt y un fular, he de reconocer que en estos días dan vida a los parques que han estado durante todo el invierno cubiertos de nieve, hielo o agua. Hyde Park, al más puro estilo neoyorquino, a mediodía es todo un hormiguero de ejecutivos que toman su lunch mientras leen The Times o escuchan música en su iPod, a las cuatro de la tarde decenas de niños corren con cometas o recolectan pequeñas flores silvestres y a las siete las hamacas a rayas verdes y blancas que forman ya parte del paisaje del parque son retiradas a la espera de que el sol proporcione la luz y el color de la primavera al día siguiente.

domingo, 31 de enero de 2010

Un pastel coloreado con azúcar glasé



Enero del 86 y hoy 24 años. Un pastel coloreado con azúcar glasé que hoy habéis decidido cortar conmigo. GRACIAS. Sobre él dos docenas de velas que he apagado a base de los flashes que nos han congelado durante algunos años.

Así que … GRACIAS a los que siempre habéis estado sentados en mi sofá, a los que decidisteis ocupar el otro lado, a los que me ayudáis a tapizarlo día a día, a los que hacéis que mi té con ginger sea más dulce que el día anterior, a los que no os importa la hora, el día ni el momento para encontrar el azúcar entre los granos de café con los que, a veces, he levantado una gran montaña sin sentido, y lo más importante, GRACIAS a los que hicieron que, hace ya 24 años, hoy esté aquí.

A ritmo de tulipán he sonreído al recordar ¡París!, y además hoy he permitido que las fotos que dibujan *mi gran historia* se enmarcaran una a una decorando el wall paper ocre que cubre la pared… todo un lujo que me hace recordar lo que hicimos de la mano y casi sin pensar, *recorriendo lugares de un mapa mundial*

Y desde mi lado del sofá, saboreando ese pastel, escribo en mi moleskine :

GRACIAS por esos 4 segundos que os hacen llegar a tiempo, GRACIAS por *have won something better*, GRACIAS por hacerme creer *mágica*, GRACIAS por pegar cientos de posits con un único mensaje *todo irá bien*, GRACIAS por confiar en que los barcos de papel flotan, GRACIAS por las tardes de sueño y café, GRACIAS por no dejarme * never walk alone*, THANK YOU FOR EVERYTHING.

Y ahora sólo queda un trozo de tarta y una cucharada de azúcar glasé. La cantidad necesaria para seguir coloreando otro año más a vuestro lado. GRACIAS.

domingo, 17 de enero de 2010

Aliñando el planeta




¿en qué momento una ensalada llega a convertirse en algo más que en una mezcla de vegetales frescos?

Canónigos, nueces, dátiles, gajitos de naranja y un aderezo de vinagre balsámico con miel. Una mezcla explosiva de sabores e ingredientes que deja K.O a cualquier cocinero que se preste a su preparación. Y es que todo plato tiene su truco.

Con un poquito de cariño todo sale mucho más rico, diría cualquier abuela que prepara la comida favorita a su nieto. Y que razón tienen. Pero no sólo ocurre en la cocina, en cualquier acto en el que el ser humano sea protagonista la presencia de unas gotitas de cariño, unos gramos espolvoreados de paciencia y alguna que otra cucharada de intención cambian la presentación de la mejor apuesta gastronómica.

Las pipas son opcionales. Pero su existencia en un plato con tal prestigio pueden causar más de una entusiasta expresión por parte de los comensales. Y qué mejor respuesta para un cocinero que el agradecimiento de su plato, como lo es la admiración de un gran edificio para un arquitecto o la comprensión de un artículo de opinión para un periodista.

Y es que todos nos movemos en torno a la cocina, el mundo es un gran restaurante, unos tienen el secreto de la receta y muchos otros observan, prueban y saborean lo que los demás preparan. Eso sí con gotitas de cariño.

Todos formamos parte de esa gran ensalada aliñada en ocasiones con suaves aderezos o picantes salsas, todo dependerá del momento, lugar y ocasión. Aunque en ocasiones creas que formas parte de un revuelto de pequeños hongos alucinógenos siempre habrá un ingrediente que te sacará de tal pesadilla para plantarte ante el más sabroso entrante.

Ahora te toca cocinar a ti, coge el gorrito, ponte el delantal y atrévete a comerte el mundo!

sábado, 16 de enero de 2010

¿Sal? No, mejor con una pizca de lluvia


Agua dulce, agua salá. Está visto que los ingleses prefieren lo primero. Y es que a ritmo de la canción de Julio Iglesias hemos visto como Inglaterra se cubría con un manto blanco a la espera de que ese frente siberiano, que ha dejado a la isla británica totalmente incomunicada, diera tregua a las tardes de lluvia y café más propias de este país.

Y gota a gota los copos de nieve fueron convirtiéndose en agua… bien podría ser el desenlace de un cuento con un snowman como protagonista que se va desprendiendo poco a poco de su zanahoria, sombrero y escoba. Pero aunque estos personajillos con corazón helado se adueñaban de casi todas las esquinas de la capital inglesa, la realidad era muy distinta. Aeropuertos cerrados, transportes colapsados, carreteras heladas, cortes de suministro eléctrico, colegios que prolongaban las vacaciones de navidad y un país inmerso en el caos.

Durante casi una semana el Big Ben de Londres ha presentado un aspecto digno de ser fotografiado para una postal en blanco y negro, pero aunque todas las ciudades tienen su encanto con esa fina capa de nieve, las carreteras de acceso a la capital seguían congeladas a la espera de sal. Y es que Inglaterra agotó su cloruro sódico mucho antes de lo esperado. Ante esta situación de paralización y mientras la Oficina Meteorológica tenía activada la segunda alerta más extrema para todo el país, los ingleses decidieron esperar a que sus amigas las nubes volvieran a ser protagonistas del plano meteorológico londinense y así que la nieve fuera derretida por la lluvia, siempre incesante, de Inglaterra.

Deseosos de poder calzar otra vez sus botas de agua, poner en marcha sus limpia parabrisas, elegir el color de su gorro de agua y decidirse entre el chubasquero o el abrigo impermeable Londres se descongeló después de haber sufrido la peor ola de frío en 30 años.

Y hoy, sentada en mi sofá, desafiando a las botas de agua y calzando patucos rojos, canto, tal y como acaba Julio Iglesias su canción: Ay, ay, ay, ay agua dulce, agua salá.