
¿en qué momento una ensalada llega a convertirse en algo más que en una mezcla de vegetales frescos?
Canónigos, nueces, dátiles, gajitos de naranja y un aderezo de vinagre balsámico con miel. Una mezcla explosiva de sabores e ingredientes que deja K.O a cualquier cocinero que se preste a su preparación. Y es que todo plato tiene su truco.
Con un poquito de cariño todo sale mucho más rico, diría cualquier abuela que prepara la comida favorita a su nieto. Y que razón tienen. Pero no sólo ocurre en la cocina, en cualquier acto en el que el ser humano sea protagonista la presencia de unas gotitas de cariño, unos gramos espolvoreados de paciencia y alguna que otra cucharada de intención cambian la presentación de la mejor apuesta gastronómica.
Las pipas son opcionales. Pero su existencia en un plato con tal prestigio pueden causar más de una entusiasta expresión por parte de los comensales. Y qué mejor respuesta para un cocinero que el agradecimiento de su plato, como lo es la admiración de un gran edificio para un arquitecto o la comprensión de un artículo de opinión para un periodista.
Y es que todos nos movemos en torno a la cocina, el mundo es un gran restaurante, unos tienen el secreto de la receta y muchos otros observan, prueban y saborean lo que los demás preparan. Eso sí con gotitas de cariño.
Todos formamos parte de esa gran ensalada aliñada en ocasiones con suaves aderezos o picantes salsas, todo dependerá del momento, lugar y ocasión. Aunque en ocasiones creas que formas parte de un revuelto de pequeños hongos alucinógenos siempre habrá un ingrediente que te sacará de tal pesadilla para plantarte ante el más sabroso entrante.
Ahora te toca cocinar a ti, coge el gorrito, ponte el delantal y atrévete a comerte el mundo!

Esta receta me suena...! ;)
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