domingo, 31 de enero de 2010

Un pastel coloreado con azúcar glasé



Enero del 86 y hoy 24 años. Un pastel coloreado con azúcar glasé que hoy habéis decidido cortar conmigo. GRACIAS. Sobre él dos docenas de velas que he apagado a base de los flashes que nos han congelado durante algunos años.

Así que … GRACIAS a los que siempre habéis estado sentados en mi sofá, a los que decidisteis ocupar el otro lado, a los que me ayudáis a tapizarlo día a día, a los que hacéis que mi té con ginger sea más dulce que el día anterior, a los que no os importa la hora, el día ni el momento para encontrar el azúcar entre los granos de café con los que, a veces, he levantado una gran montaña sin sentido, y lo más importante, GRACIAS a los que hicieron que, hace ya 24 años, hoy esté aquí.

A ritmo de tulipán he sonreído al recordar ¡París!, y además hoy he permitido que las fotos que dibujan *mi gran historia* se enmarcaran una a una decorando el wall paper ocre que cubre la pared… todo un lujo que me hace recordar lo que hicimos de la mano y casi sin pensar, *recorriendo lugares de un mapa mundial*

Y desde mi lado del sofá, saboreando ese pastel, escribo en mi moleskine :

GRACIAS por esos 4 segundos que os hacen llegar a tiempo, GRACIAS por *have won something better*, GRACIAS por hacerme creer *mágica*, GRACIAS por pegar cientos de posits con un único mensaje *todo irá bien*, GRACIAS por confiar en que los barcos de papel flotan, GRACIAS por las tardes de sueño y café, GRACIAS por no dejarme * never walk alone*, THANK YOU FOR EVERYTHING.

Y ahora sólo queda un trozo de tarta y una cucharada de azúcar glasé. La cantidad necesaria para seguir coloreando otro año más a vuestro lado. GRACIAS.

domingo, 17 de enero de 2010

Aliñando el planeta




¿en qué momento una ensalada llega a convertirse en algo más que en una mezcla de vegetales frescos?

Canónigos, nueces, dátiles, gajitos de naranja y un aderezo de vinagre balsámico con miel. Una mezcla explosiva de sabores e ingredientes que deja K.O a cualquier cocinero que se preste a su preparación. Y es que todo plato tiene su truco.

Con un poquito de cariño todo sale mucho más rico, diría cualquier abuela que prepara la comida favorita a su nieto. Y que razón tienen. Pero no sólo ocurre en la cocina, en cualquier acto en el que el ser humano sea protagonista la presencia de unas gotitas de cariño, unos gramos espolvoreados de paciencia y alguna que otra cucharada de intención cambian la presentación de la mejor apuesta gastronómica.

Las pipas son opcionales. Pero su existencia en un plato con tal prestigio pueden causar más de una entusiasta expresión por parte de los comensales. Y qué mejor respuesta para un cocinero que el agradecimiento de su plato, como lo es la admiración de un gran edificio para un arquitecto o la comprensión de un artículo de opinión para un periodista.

Y es que todos nos movemos en torno a la cocina, el mundo es un gran restaurante, unos tienen el secreto de la receta y muchos otros observan, prueban y saborean lo que los demás preparan. Eso sí con gotitas de cariño.

Todos formamos parte de esa gran ensalada aliñada en ocasiones con suaves aderezos o picantes salsas, todo dependerá del momento, lugar y ocasión. Aunque en ocasiones creas que formas parte de un revuelto de pequeños hongos alucinógenos siempre habrá un ingrediente que te sacará de tal pesadilla para plantarte ante el más sabroso entrante.

Ahora te toca cocinar a ti, coge el gorrito, ponte el delantal y atrévete a comerte el mundo!

sábado, 16 de enero de 2010

¿Sal? No, mejor con una pizca de lluvia


Agua dulce, agua salá. Está visto que los ingleses prefieren lo primero. Y es que a ritmo de la canción de Julio Iglesias hemos visto como Inglaterra se cubría con un manto blanco a la espera de que ese frente siberiano, que ha dejado a la isla británica totalmente incomunicada, diera tregua a las tardes de lluvia y café más propias de este país.

Y gota a gota los copos de nieve fueron convirtiéndose en agua… bien podría ser el desenlace de un cuento con un snowman como protagonista que se va desprendiendo poco a poco de su zanahoria, sombrero y escoba. Pero aunque estos personajillos con corazón helado se adueñaban de casi todas las esquinas de la capital inglesa, la realidad era muy distinta. Aeropuertos cerrados, transportes colapsados, carreteras heladas, cortes de suministro eléctrico, colegios que prolongaban las vacaciones de navidad y un país inmerso en el caos.

Durante casi una semana el Big Ben de Londres ha presentado un aspecto digno de ser fotografiado para una postal en blanco y negro, pero aunque todas las ciudades tienen su encanto con esa fina capa de nieve, las carreteras de acceso a la capital seguían congeladas a la espera de sal. Y es que Inglaterra agotó su cloruro sódico mucho antes de lo esperado. Ante esta situación de paralización y mientras la Oficina Meteorológica tenía activada la segunda alerta más extrema para todo el país, los ingleses decidieron esperar a que sus amigas las nubes volvieran a ser protagonistas del plano meteorológico londinense y así que la nieve fuera derretida por la lluvia, siempre incesante, de Inglaterra.

Deseosos de poder calzar otra vez sus botas de agua, poner en marcha sus limpia parabrisas, elegir el color de su gorro de agua y decidirse entre el chubasquero o el abrigo impermeable Londres se descongeló después de haber sufrido la peor ola de frío en 30 años.

Y hoy, sentada en mi sofá, desafiando a las botas de agua y calzando patucos rojos, canto, tal y como acaba Julio Iglesias su canción: Ay, ay, ay, ay agua dulce, agua salá.